cALidOScOpiO
Uno de los regalos que me emocionaron cuando era niña, fue la de un calidoscopio. Aquel objeto construido con espejos simétricos dispuestos en sus ángulos, que multiplicaba simétricamente los objetos contenidos en él. Podía pasarme largos ratos imbuida en las mil y una formas que se presentaban en mis pupilas. Algunas de ellas producían en mi una sensación de bienestar, otras de curiosidad, otras de impasibilidad…pero a pesar de ello, proseguía con la labor de observar. Esa sensación me relajaba. Cada imagen representaba una mandala nueva por descubrir. A veces, quería repetir la misma imagen que una vez obtuve…siempre sin éxito. Quizás es que mi memoria, con tantas variables persistentes, no alcanzaba a discriminar las que podían resultar exactamente iguales. Otras veces, sin yo quererlo, obtenía alguna imagen que se me antojaba como una preciosidad….y dejaba cuidadosamente el calidoscopio sin apenas tragar aire encima de mi mesita. Y allí quedaba la imagen que quería que no se borrar...