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S'estan mostrant les entrades d'aquesta data: novembre, 2019

eNtRe CaBalleRoS

Imatge
Don Salvador fue el único caballero que supo retratar mi experiencia con los gigantes. Rocinante me condujo hacia su morada, creo que por encontrar algo de compañía, ya que nuestro fiel escudero, Don Sancho, no nos acompañó cuando traspasamos el umbral de la vida. Este genio de siglos posteriores, afilaba con el sacapuntas el carboncillo con parsimonia, mientras yo le relataba en su mente onírica tan ardua batalla. Nos sentábamos frente a la playa de Portlligat, mientras su Dulcinea, llamada Gala, nos escuchaba atenta y distante, ofreciéndonos silencios que guiaban sus retratos. Cuando Don Salvador Dalí concluyó la batalla, observándose en ella toda mi verdad, sin molinos de viento como tantos otros se empeñaron en plasmar, mi alma buscó a Rocinante, para volar hacia la luz que tanto me reclamaba.

De CueNtO a CueNtO

Imatge
Cuando el espejo le dijo que ella ya no era la más bella del lugar, cogió el sacapuntas y perfiló con rabia un mágico lápiz, que le dictó una pócima para viajar al futuro. Fue así como descubrió el manejo de internet. Accedió a un sinfín de remedios que prometían mejorar su imagen: adquirió un artilugio que masajeaba los glúteos hasta hacerlos más firmes que la manzana envenenada que le dio a Blancanieves, así como un ungüento que contenía un ácido que estiraba la piel hasta dejarla tan lozana como la de ella: blanca, pura, bella… El ungüento le hizo sarpullidos en la cara y el artilugio se le pegó tan fuerte en la piel, que sólo consiguió desplazarlo hacia su espalda, liberando sus posaderas de dolor. Rompió con el espejo cuando le reveló que ahora era el jorobado de Nôtre Dame, y que tocaba pasarse a otro cuento.