eNtRe CaBalleRoS
Don Salvador fue el Ășnico caballero que supo retratar mi experiencia con los gigantes. Rocinante me condujo hacia su morada, creo que por encontrar algo de compañĂa, ya que nuestro fiel escudero, Don Sancho, no nos acompañó cuando traspasamos el umbral de la vida.
Este genio de siglos posteriores, afilaba con el sacapuntas el carboncillo con parsimonia, mientras yo le relataba en su mente onĂrica tan ardua batalla.
Nos sentĂĄbamos frente a
la playa de Portlligat, mientras su Dulcinea, llamada Gala, nos escuchaba
atenta y distante, ofreciéndonos silencios que guiaban sus retratos.
Cuando Don Salvador DalĂ
concluyĂł la batalla, observĂĄndose en ella toda mi verdad, sin molinos de viento
como tantos otros se empeñaron en plasmar, mi alma buscó a Rocinante, para
volar hacia la luz que tanto me reclamaba.
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