El LaDo SaLvAjE FeMeNinO

Dentro de cada mujer existen animales vivos que dormitan en cada gruta de nuestros sentimientos.
A veces hibernan como las osas y despiertan en una floreciente primavera llena de riachuelos que se deshielan de nuestras montañas de hastío y obligaciones.
Otras , las leonas, cazan presas rebosantes de locura para saciar el espíritu depredador que llevan dentro.
Son demasiadas las veces que estallan en forma de improperios contra las opresiones que las hormigas van almacenando en pequeñas grutas de nuestro interior, y en el hormigueo loco y sin orden recorren nuestra piel que se eriza como un puercoespín delante el peligro.
En cada mujer existe la valentía insospechada de las lobas que defienden nuestra feminidad y el derecho a ser madres.
Y en otras se instala la belleza del vuelo de la mariposa libando la hiel de los seres que habitan en nuestro jardín.
Hay mujeres que tejen constantemente una tela de araña donde quedan atrapados aquellos que no sabrán nunca deshacerse de ella, siendo devorados por una insaciante necesidad de aglutinar, anulando pacientemente la identidad de su víctima.
Existen serpientes sigilosas que envuelven a los que tienen a su alrededor, danzando e hipnotizando con movimientos sugerentes como ninguna se sospechaba a si misma.
Algunas de nosotras arañan los últimos vestigios de juventud como una gata en celo, cuando cada mañana contemplamos la profundidad de la arruga que apareció el día anterior sin avisar… sin sospechar que la juventud es un espíritu que no envejece…
Otras se lamentan de haber dejado que se extinguiera algún animal salvaje que dormitaba dentro por miedo, o por dejadez.
En algunas ocasiones dormitan pequeños lobeznos que dejan rastros de su estancia para toda una vida… leves fragancias, dulces roces, permanentes caricias que no se borran por mucho que usemos la insistencia.
Nuestras grutas huelen a bosque recién llovido, áridos desiertos, inmensas dunas, lejanos oasis que desconocíamos, coníferas y lagunas de olvidos.
En las grutas de las mujeres existe una insospechada selva de animales, de tótems de mil vidas en una misma. De mil formas de relacionarse, de sobrevivir, de afrontar.
Somos una cuentrologia infinita.
A veces hibernan como las osas y despiertan en una floreciente primavera llena de riachuelos que se deshielan de nuestras montañas de hastío y obligaciones.
Otras , las leonas, cazan presas rebosantes de locura para saciar el espíritu depredador que llevan dentro.
Son demasiadas las veces que estallan en forma de improperios contra las opresiones que las hormigas van almacenando en pequeñas grutas de nuestro interior, y en el hormigueo loco y sin orden recorren nuestra piel que se eriza como un puercoespín delante el peligro.
En cada mujer existe la valentía insospechada de las lobas que defienden nuestra feminidad y el derecho a ser madres.
Y en otras se instala la belleza del vuelo de la mariposa libando la hiel de los seres que habitan en nuestro jardín.
Hay mujeres que tejen constantemente una tela de araña donde quedan atrapados aquellos que no sabrán nunca deshacerse de ella, siendo devorados por una insaciante necesidad de aglutinar, anulando pacientemente la identidad de su víctima.
Existen serpientes sigilosas que envuelven a los que tienen a su alrededor, danzando e hipnotizando con movimientos sugerentes como ninguna se sospechaba a si misma.
Algunas de nosotras arañan los últimos vestigios de juventud como una gata en celo, cuando cada mañana contemplamos la profundidad de la arruga que apareció el día anterior sin avisar… sin sospechar que la juventud es un espíritu que no envejece…
Otras se lamentan de haber dejado que se extinguiera algún animal salvaje que dormitaba dentro por miedo, o por dejadez.
En algunas ocasiones dormitan pequeños lobeznos que dejan rastros de su estancia para toda una vida… leves fragancias, dulces roces, permanentes caricias que no se borran por mucho que usemos la insistencia.
Nuestras grutas huelen a bosque recién llovido, áridos desiertos, inmensas dunas, lejanos oasis que desconocíamos, coníferas y lagunas de olvidos.
En las grutas de las mujeres existe una insospechada selva de animales, de tótems de mil vidas en una misma. De mil formas de relacionarse, de sobrevivir, de afrontar.
Somos una cuentrologia infinita.
Zubel- Artemisa 2006
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