La eTeRNiDaD eN Un InStANTe

Cuando sales a la calle de una gran ciudad, te invade el ruido.
Los pesados camiones, los pacientes y impertinentes coches, los suaves tranvías y los escandalosos trenes.
Sirenas de ambulancia reclamando su urgencia de paso, o de policía imponiendo su poder.
Griterío de niños y de sus madres. Griterío de mercado y de jóvenes estudiantes.
Sintonías de móviles. Conversaciones alteradas por las eternas obras de las grandes ciudades que taladran una y otra vez las zonas de paso.
Un bullicio que te arrastra a acelerar el paso, a pensar que llegas tarde, a necesitar mirar que tu móvil no te marque más que el reloj que encadena tu muñeca.
Pero en medio de ese caos, a veces se impone el silencio. Tu silencio. Aquel que te abstrae del teatro en el que vives, te aleja, te absorbe….y todo deja de sonar.
Y te sientes. Y dejas de pensar. Sólo observas, y te observas. El ruido se disuelve en tu interior y allí se detiene el tiempo.
Parece como que tu ser supera la realidad, y aprendes a ver que todo está dispuesto para ser escuchado, y el ruido deja de invadirte.
La eternidad en un instante.
Zubel- Hestia Setembre 2008
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