MoNtaÑa GeMeLa
Permití que en mi falda
se plantaran cultivos. Luego vinieron las aldeas y poco después se desarrollaron
ciudades. Se aprovecharon de todos mis recursos: talaron árboles, secaron ríos,
abocaron los desechos en los lagos de agua turquesa.
Permití que se expandieran
llegando a media cima, con la falsa esperanza que comprendieran las señales de
los cielos que me rodean, de mis dos lunas y de mis mil estrellas…Pero a pesar
de que sus edificios eran cada vez más altos, ellos sólo miraban al suelo,
aferrándose a un terreno que intuían podría resquebrajarse. Porque llegado a
este punto, empecé a sentir el peso de tanta responsabilidad. Y vinieron las
fiebres. Empezaba a temblar.
Con las sacudidas, fueron
a buscar más recursos...Subieron más arriba, cerca del corazón. No tuvieron
piedad ni con las raíces de los árboles centenarios que escondían los metales y
el carbón. Consiguieron reforzar con mi materia sus edificios, a costa de
modificar mi anatomía, cada vez más vulnerable y deprimida. Ciertamente, sus construcciones aguantaban más
mis sacudidas, pero no se plantearon tratarme a mi, cada vez más expuesta y
vulnerable…cada vez más febril.
Tan obcecados estaban en ellos mismos que se
olvidaron que yo existía.
Fue cuando me partí en
dos. Mi pobre esqueleto se resquebrajó cuando abrupté un vómito de lava sobre mí
misma, abrasando las construcciones, los polígonos, sus ciudades con sus
rascacielos…
Desdoblada, dejé que el
tiempo volviera a poblar mi tierra, que volvía a ser fértil tras varios
milenios de lluvia y sol. Repartí mis dos lunas y las mil estrellas a cada lado…de
manera que fui hecha de la misma materia y con las energías repartidas.
Una montaña gemela a mí.

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